Robert A. Naylor

Influencia británica en el comercio centroamericano durante las primeras décadas de la Independencia (1821–1851). Serie monográfica 3. La Antigua Guatemala: CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies, 1988. Traducción de J. C. Cambranes. x + 314 págs. Cuadros y mapas. ISBN 0-910443-04-1.

US$ 16.50 (21.2 x 13.7 cm, en rústica)

 

 


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Prefacio
Mapa de la ruta comercial de Belice
Mapa de Centroamérica

   I. Introducción y perspectiva
  II. Las relaciones comerciales oficiales de Inglaterra con
       la República Federal de Centroamérica
 III. Las condiciones del comercio
 IV. Naturaleza del comercio
  
V. Curso del comercio
 VI. Extensión del comercio
VII. Conclusiones

Estadísticas comerciales
Notas
Bibliografía
Índice onomástico
Índice analítico

 

 

 

 


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Resumen


E
ste volumen ofrece un análisis sobre las relaciones comerciales entre Gran Bretaña y Centroamérica durante los treinta años que siguieron a la independencia, de 1821 a 1851. El estudio está basado en fuentes de archivo localizadas en la Oficina de Registros Públicos de Londres y la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, EE.UU. El examen cuidadoso de estas fuentes lleva al autor a rebatir interpretaciones anteriores en las que se le asignaba a Gran Bretaña una estrategia deliberada de corte imperialista en lo que respecta a sus relaciones con Centroamérica. Según Naylor, Gran Bretaña reemplazó a España, a partir de la independencia, como la potencia extranjera más influyente sobre Centroamérica. Pero, al contrario de otros historiadores, Naylor argumenta que para alcanzar este predominio, Gran Bretaña no tuvo necesidad de recurrir a políticas imperialistas, ya sea tradicionales o económicas. El simple hecho de ser la potencia económica dominante a nivel mundial durante este período le permitió ejercer un control casi total sobre la actividad comercial en el Istmo.

En base a dicho dominio comercial, Gran Bretaña logró seguir una política unilateral encaminada únicamente a proteger los intereses comerciales y financieros de sus súbditos residentes en el Istmo. Esta política explica cómo, durante el período de 1821 a 1851, Gran Bretaña no reconoció formalmente la independencia de la república federal, ni estableció relaciones diplomáticas con ninguno de los cinco estados. Sólo en los casos concretos en que la corona percibió que sus intereses eran palmariamente lesionados, Gran Bretaña eligió ejercer presión militar sobre los gobiernos centroamericanos con el fin de poner coto a tales “abusos”.

Según Naylor, pese a que Centroamérica declaró el libre comercio en 1821, para la gran mayoría de comerciantes del Istmo resultó mucho más conveniente y económico llevar a cabo sus transacciones a través de compañías británicas establecidas en la colonia inglesa de Belice, una práctica que se remontaba a la época colonial. Además, las manufacturas británicas gozaban de prestigio por sus bajos precios y alta calidad y, a su vez, Gran Bretaña era el mercado preferido por los exportadores de tintes y otros productos agrícolas centroamericanos. Los empresarios también se servían de fuentes de crédito y medios de transporte en su mayoría controlados por intereses británicos.

El resultado de esta relación comercial fue, a juicio de Naylor, la creciente dependencia económica de Centroamérica con respecto a Gran Bretaña. Sin embargo, a pesar de las desventajas, las incipientes economías del Istmo se beneficiaron de la relación y lograron alcanzar un cierto grado de progreso económico y prosperidad que no habría sido posible de otra manera. El autor considera que “la adquisición de artículos manufacturados a cambio de productos agrícolas fue más bien satisfactoria, benéfica y en armonía con el principio de libre comercio de la especialización regional internacional” (pág. 187). Conforme a los cálculos de Naylor, en 1851 más de un 75% del comercio de Centroamérica se efectuaba con Gran Bretaña. Fue sólo a partir de 1850, con el tratado Clayton-Bulwer, que la hegemonía geopolítica británica comenzó a ser desafiada por los Estados Unidos. Sin embargo, su posición de dominio comercial en el Istmo permaneció incólume hasta comienzos del siglo XX.

La mayor parte del texto se ocupa de analizar en detalle el carácter y las magnitudes de la relación comercial entre Gran Bretaña y Centroamérica. El análisis se refuerza con un extenso apéndice compuesto de 17 cuadros de datos estadísticos sobre la actividad comercial entre las dos naciones durante el período del estudio. Naylor dedica también considerable atención a otros temas relevantes tales como la controversia sobre el estatus del territorio de Belice, los esfuerzos iniciales de Gran Bretaña por construir el canal interoceánico así como el papel del controvertido cónsul británico, Frederick Chatfield, en los conflictos ideológicos de la época y en lo tocante a la desintegración de la unión centroamericana hacia finales de los años treinta.

 

 

 


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This book presents an analysis of trade relations between Great Britain and Central America during the thirty years following Independence, from 1821 to 1851. The study is based on archival sources from the Office of Public Records in London and the Latin American Library at Tulane University in New Orleans. A thorough study of these sources led the author to reject previous interpretations which cast Great Britain in a deliberately imperialistic role in its relations with Central America. According to Naylor, from the time of Independence on, Great Britain replaced Spain as the most influential foreign power in Central America. However, in contrast to other historians, Naylor argues that Great Britain had no need to resort to imperialistic policies, either traditional or economic, in order to achieve this preeminent status. The simple fact that it was the world’s leading economic power at the time allowed Great Britain to wield almost total control over commercial activity in the isthmus.

The dominant position enjoyed by Great Britain allowed it to pursue a unilateral policy designed solely to protect the commercial and financial interests of its subjects residing in the isthmus. In accordance with this policy, Great Britain did not formally recognize the independence of the federal republic, nor did it establish diplomatic relations with any of the five states during the period from 1821 to 1851. Only in those specific cases in which the Crown perceived its interests as being clearly threatened did Great Britain choose to exert military pressure on the Central American governments with the goal of putting an end to such “abuses”.

According to Naylor, despite the fact that Central America declared trade to be free in 1821, it was cheaper and more convenient for the majority of Central American merchants to continue the colonial custom of conducting their business through the British companies established in the British colony of Belize. Besides, British products were popular for their low prices and high quality and Great Britain was the preferred market for exporters of dyes and other Central American agricultural products. Additionally, Central American businessmen relied on credit sources and methods of transport generally controlled by British interests.

The result of this commercial relationship, in Naylor’s estimate, was Central America’s increasing economic dependence on Great Britain. Nonetheless, in spite of the disadvantages, the nascent economies of the Central American isthmus benefitted from the relationship and succeeded in achieving a certain degree of prosperity and economic advancement that would not have been possible otherwise. The author considers that “the acquisition of manufactured articles in exchange for agricultural products was satisfactory, beneficial and not at variance with the principles of free trade espoused by the international regional specialization” (p. 187). Naylor calculates that in 1851 more than 75% of Central America’s trade was with Great Britain. It was only after 1850, with the Clayton-Bulwer Treaty, that the United States began to challenge British geopolitical hegemony. Even so, Great Britain’s commercially dominant position in Central America remained undisputed until the beginning of the twentieth century.

The major portion of the book is taken up with a detailed analysis of the nature and extent of the trade relations between Great Britain and Central America. The analysis is supported by an extensive appendix consisting of 17 tables containing statistical data on commercial activity between the two nations during the period under study. Naylor also devotes considerable attention to other relevant issues such as the controversy over the status of the Belizean territory, Great Britain’s first attempts to construct an interoceanic canal, and the role played by the controversial British consul Frederick Chatfield in the ideological conflicts of the time, as well as the disintegration of the Central American union toward the end of the thirties.

 


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