Iván Molina Jiménez y
S
teven Palmer,
editores

La voluntad radiante: cultura impresa, magia y medicina en Costa Rica (1897–1932). San José, Costa Rica: Editorial Porvenir y Plumsock Mesoamerican Studies, 1996. 159 págs. Fotografías y bibliografía. ISBN 977-944-97-0.

US$ 10.00 (21 x 13.3 cm, en rústica)

Agotado / Out of print

 

 


Pedido
Order

Contenido
Contents


Resumen
 


Abstract
 


Publicación Anterior
Previous Publication


Publicación Siguiente
Next Publication


Listado
List

 

 

 


 

 

 


Pedido
Order

Resumen
 

Abstract
 
 
 


Contenido


Prólogo:
El yanqui español y el mago de Coney Island Park

Primera Parte:
El yanqui español

     1.  El pasajero del vapor “Centro-América”
     2.  El mundo del libro que Alsina contribuyó a edificar
     3.  El admirado y sus admiradores
     4.  “La garza” y la muerte

Segunda Parte:
El mago de Coney Island Park

     1.  El gabinete del profesor Carbell
     2.  
Entre la magia y la ciencia
     3.  
Filas en los laboratorios
     4.  
La voluntad radiante

Epílogo: El inconfundible olor de la magia

Fuentes

Bibliografía

 

 

 

 

 


Pedido
Order

Contenido
Contents

Abstract
 
 

Pub. Anterior
Previous Pub.


Pub. Siguiente
Next Pub.


Listado
List


Resumen


Éste es el tercer título en la serie de estudios sobre la cultura popular costarricense de los siglos XIX y XX publicados por Plumsock Mesoamerican Studies en colaboración con la Editorial Porvenir de San José, Costa Rica. La presente obra está dividida en dos partes. En la primera, Iván Molina se ocupa de la trayectoria del impresor catalán Avelino Alsina, quien inmigró a Costa Rica en 1897. En la segunda, Steven Palmer analiza la singular experiencia del mago y espiritista cubano Carlos Carballo, quien arribó al país en 1931. Pese a desembarcar con escaso caudal, ambos alcanzaron en poco tiempo notables éxitos en sus respectivos campos de actividad. La detallada descripción y análisis de sus experiencias permite a los autores arrojar valiosa luz sobre el contexto cultural y social costarricenses de la época.

Avelino Alsina logró enorme éxito en sus actividades tipográficas en poco tiempo, llegando a ser dueño de la imprenta privada más grande del país. Tan espectacular ascenso económico y social le granjeó el sobrenombre de el “yanqui español”. Según Molina, los ideólogos del régimen liberal-cafetalero promovieron la imagen del catalán como self-made man, el arquetipo mítico de la época. La realidad, sin embargo, fue más compleja, advierte Molina. Pese a su humilde origen, Alsina llegó armado de una experiencia técnica y empresarial adquirida en Barcelona, uno de los centros urbanos culturalmente más avanzados de Europa. Esta experiencia, unida a sus conexiones con políticos e intelectuales costarricenses, le permitió a Alsina consolidar una posición ventajosa con respecto a la competencia nacional. Estos factores posibilitaron la transición de Alsina “de obrero aristócrata a propietario”. Pero su meteórica trayectoria comenzó a menguar al intentar Alsina convertirse en empresario cafetalero, osada aventura que lo llevó al borde de la bancarrota. Alsina se reinsertó al campo de la tipografía, pero ya con resultados más modestos. Falleció inesperadamente en 1928 durante una de sus prolongadas estadías en Barcelona.

Molina examina la experiencia de Alsina en el contexto de la historia de la actividad tipográfica de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX en Costa Rica. El autor a la vez utiliza el caso de Alsina para reflexionar sobre el papel de la imprenta como institución clave en la diseminación del credo liberal civilizador y progresista entre artesanos y campesinos. Según el autor, esta cruzada ideológica supuso a la vez la creación de una imagen romantizada del impresor como virtuoso apóstol en dicha misión regeneradora. Alsina se aprovechó de tan favorable coyuntura para efectuar su rápido ascenso social y económico.

Por su parte, el cubano Carlos Carballo ejerció de mago y curandero espiritista bajo el pseudónimo de “Profesor Carlos Carbell” en medio de la crisis económica de la década de 1930. Se le consideraba poseedor de poderes sobrenaturales, técnicas maravillosas y medicamentos milagrosos, capaces de curar enfermedades fuera del alcance de los tratamientos de la profesión médica. En poco tiempo logró consolidar una clientela enorme, que lo visitaba en búsqueda de sus múltiples especialidades. Su rotundo éxito no tardó en provocar gran disgusto en los círculos médicos nacionales. La Facultad de Medicina le acusó formalmente de practicar la medicina ilegalmente. Carbell se defendió insistiendo que no ejercía de curandero, que su profesión era la de ocultista y que no exigía honorarios de ninguna clase. Firmó un documento en el que asentía a abstenerse de practicar curaciones. Pero, según Palmer, Carbell no sólo persistió en sus actividades, sino que expandió sus consultas con el público y a la vez entabló una campaña contra el monopolio de la medicina oficial a través de la publicación de un estudio sobre la profesión médica y el ocultismo, de una columna de prensa y de conferencias radiales. A raíz de estas actividades, en mayo de 1932, las autoridades de salud pública reanudaron la persecución del “charlatán”. Carbell denegó los cargos en su contra al tiempo que continuó valiéndose de los nuevos medios de comunicación para consolidar su posición entre el público. La creciente popularidad del espiritista, junto con sus pronunciamientos políticos de corte socialista y nacionalista, llevó por fin al ministerio de seguridad pública a negociar la salida de Carbell de Costa Rica. En junio de 1932 partió a bordo de un vapor con destino a El Salvador. Allí murió víctima de un atentado en diciembre de 1933.

Al igual que Molina, Palmer intenta explicar la inusitada popularidad del profesor Carbell en el contexto de la historia de la medicina en Costa Rica, así como dentro del trasfondo socio-económico y cultural de la época, en particular la severa crisis económica de la década de 1930. Señala que en Costa Rica, durante todo el periodo colonial y con pocos cambios durante el periodo moderno, el cuidado médico estaba principalmente a cargo de curanderos empíricos. El papel del médico profesional, licenciado por el Estado central, fue siempre muy limitado. Esta situación apenas comenzaba a cambiar en el momento de la llegada de Carbell en 1931, pese a casi tres décadas de campañas de higiene y de “descharlatanerización” del gremio de curanderos financiadas por el gobierno.

De ahí que Palmer ubique al espiritista cubano dentro de un momento de transición cultural en el que las disciplinas científicas, como la medicina, aún luchaban por ganarse la confianza de los amplios sectores populares. Creencias tradicionales sobre la influencia de fuerzas espirituales en el proceso curativo aún persistían y a menudo actuaban en oposición a los discursos médico-científicos. A juicio de Palmer, Carbel le granjeó el favor de muchos costarricenses “al pretender ir más allá de esas prácticas, al prometer subsumirlas y superarlas por medio de un espiritismo ‘científico’ pero fundamentalmente humano y social” (pág. 141). El método ecléctico de Carbell ocasionó una acalorada controversia entre el establecimiento científico-médico apoyado por el gobierno liberal y una gama de saberes tradicionales, “alternativos”, promovidos por los curanderos empíricos. Desde esta perspectiva, el caso de Carbell ha de verse como el más notable e ilustrativo de dicho conflicto cultural.

Los autores concluyen que “el trasfondo cultural de las dos vidas descritas en este libro, entre 1897 y 1932, fue el desvelo de los liberales por transformar el quehacer cotidiano y las visiones de mundo de campesinos, artesanos, obreros y otros trabajadores, en vías de alfabetización y votantes directos a partir de 1913. El tipógrafo catalán sin duda compartía el afán por civilizar la cultura popular, aunque su taller a veces no acuerpó tal propósito (el dinero siempre pesa más); en contraste, el artista cubano explotó, en beneficio propio, todos los espacios sociales que admitían los milagros, las maravillas y la magia” (pág. 12).

 

 

 

 


Pedido
Order

Contenido
Contents

Resumen
 
 

Pub. Anterior
Previous Pub.


Pub. Siguiente
Next Pub.


Listado
List


Abstract


This is the third title in the series of studies of popular Costa Rican culture in the nineteenth and twentieth centuries, published by Plumsock Mesoamerican Studies in collaboration with Editorial Porvenir of San José, Costa Rica. This work is divided into two parts. In the first, Iván Molina looks at the career of the Catalan entrepreneur Avelino Alsina who immigrated to Costa Rica in 1897. In the second part, Steven Palmer analyzes the singular experience of Cuban magician and spiritualist Carlos Carballo who came to the country in 1931. In spite of arriving with little money, both men achieved remarkable success in their respective fields within a short time. The detailed description and analysis of their experiences enables the authors to shed light on Costa Rica’s cultural and social life of that period.

Avelino Alsina enjoyed enormous and rapid success in his printing business and became the owner of the largest private press in the country. His spectacular economic and social ascent earned him the nickname “the Spanish Yankee.” According to Molina, the ideologues of the Liberal coffee-producing government promoted the image of the Catalan as a self-made man, the mythical archetype of the time. No doubt, Molina warns, the reality was more complicated. Despite his lowly beginnings, Alsina came from Barcelona, one of Europe’s culturally most advanced urban centers, armed with technical and management experience. This experience, combined with his political and intellectual connections in Costa Rica, enabled him to carve out an advantageous position vis-à-vis his national competition. These factors made it possible that Alsina went from “aristocratic worker to owner.” However, his meteoric rise began to weaken when Alsina tried to become a coffee grower, an ill-fated venture that brought him close to ruin. Alsina replanted himself back into the printing industry but with more modest success. He died unexpectedly in 1928 during one of his extended visits to Barcelona. Molina examines Alsina’s experience in the context of the history of printing in Costa Rica from the second half of the nineteenth century to the beginning of the twentieth century. At the same time the author uses the case of Alsina to reflect on the role printing played as key element in the dissemination of the civilizing and progressive Liberal credo among artisans and rural workers. According to the author, this ideological crusade supposed at the same time the creation of a romanticized image of the entrepreneur as the virtuous apostle in such a mission of regeneration. Alsina took advantage of the favorable economy to bring about his rapid social and economic rise.

The Cuban Carlos Carballo, on the other hand, worked as magician and spiritual healer (curandero) under the pseudonym of “Professor Carlos Carbell” in the midst of the economic crisis of the 1930s. He was considered to possess supernatural powers, marvelous techniques and miracle medicines, able to cure diseases that were beyond the reach of traditional medical treatment. In a short period of time he managed to establish an impressive clientele that came to him for help based on his multiple specialties. It did not take long for his resounding success to provoke great annoyance in Costa Rica’s medical circles. The Medical Faculty formally accused him of practicing medicine illegally. Carbell defended himself insisting that he did not work as a curandero but that his profession was that of an occultist and that he did not demand any kind of honorarium. He signed a document declaring that he would not practice healing but, according to Palmer, Carbell not only continued with his activities, he even expanded his consultations with the public and at the same time started a campaign against the monopoly of the official medical establishment through the publication of a study about the medical profession and occultism, in a newspaper column and round table discussions. Based on these activities, public health officials, in May of 1932, renewed their persecution of the “charlatan.” Carbell rejected the charges against him and continued to make use of the new communication media to consolidate his position in public life. The spiritualist’s growing popularity combined with his political pronouncements of a socialist and nationalist nature ultimately caused the Office of Public Security to negotiate Carbell’s departure from Costa Rica. In June of 1932 he left on board a steamer for El Salvador. There he died in 1933, the victim of an assassination.

As did Molina, Palmer attempts to explain the unusual popularity of professor Carbell in the context of the history of medicine in Costa Rica as well as within the socioeconomic and cultural background of the time, in particular the severe economic crisis of the 1930s. He points out that in Costa Rica throughout the colonial period, with only a few changes during the modern period, medical care fell primarily to the empirical healers. The role of the professional doctor who was licensed by the central state was always very limited. This situation hardly started to change at the moment of Carbell’s arrival in 1931, despite almost thirty years of campaigns for hygiene and “de-charlatanization” of the curandero guild, financed by the government.

Palmer places the Cuban spiritualist at the moment of cultural transition in which the scientific disciplines like medicine were still struggling to win the confidence of the large public sectors. Traditional beliefs about the influence of spiritual powers in the healing process still persisted and often ran counter to medical and scientific discourse. In Palmer’s opinion, Carbell gained the favor of many Costa Ricans by “seeking to go beyond these practices, by promising to subsume them and improve them through spiritualism that was scientific but fundamentally humane and social” (p. 141). The eclectic method Carbell used caused heated controversy among the scientific-medical establishment supported by the Liberal government and a whole range of traditional “alternative” knowledge supported by the empirical healers. From this perspective, the case of Carbell must be seen as the most noteworthy and illustrative of this cultural conflict.

The authors conclude that the “cultural background of the two lives described in this book, between 1897 and 1932, was the vigilance of the Liberals to transform everyday life and ideas of the world of peasants, craftsmen, laborers and other workers, in terms of literacy and direct voting since 1913. The Catalan printer, no doubt, shared the desire to civilize popular culture, although his company sometimes could not fulfill this goal (money always speaks louder); by contrast, the Cuban artist exploited, for his own benefit, all of the social groups who accepted miracles, marvels, and magic” (p. 12).

 


Pedido
Order


Contenido
Contents


Resumen
 


Abstract
 


Publicación Anterior
Previous Publication


Publicación Siguiente
Next Publication


Listado
List



Inicio
B
eginning

 

 

  logo.gif (395 bytes) PLUMSOCK MESOAMERICAN STUDIES
P.O. Box 1695, Wellfleet, MA 02667, U.S.A.
Tel: (508) 349-1330; Fax: (508) 349-0252; e-mail: pmsvt@aol.com