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Eugenia
Rodríguez Sáenz
Hijas, novias y esposas: familia, matrimonio y violencia doméstica
en el Valle Central de Costa Rica (1750–1850).
Heredia, Costa Rica: Editorial de la Universidad Nacional y Plumsock
Mesoamerican Studies, 2000. Cuadros, gráficas, figuras, ilustraciones,
notas y bibliografía. ISBN 9977-65-187-6.
US$ 14.00 (21 x 13.4 cm, en rústica)
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Índice de cuadros y gráficos
Prólogo
Capítulo 1
“Para que no infecte la moral pública”. Ascenso del matrimonio
y regulación de la sexualidad
1. Crecimiento económico y diferenciación
social
2. Alza demográfica y nupcialidad
3. Iglesia y Estado
4. La regularización de la moral doméstica
Capítulo 2
Padres e hijos: tamaño y composición de las familias
1. Condiciones sociales y tamaño de las
familias
2. Composición de las familias
3. Variaciones por períodos y espacios
Capítulo 3
“Estamos muy emparentados”. Novias, novios y mercado matrimonial
1. Fuentes y metodología
2. Novias, novios y edades al matrimonio
3. Endogamia geográfica y social
4. Parentesco y alianzas matrimoniales
5. Parentesco y conocimiento carnal
Capítulo 4
“Hemos pactado matrimoniarnos”. Familia, comunidad y alianzas
matrimoniales
1. Amor, honor y noviazgo
2. Novios y testigos
3. Comunidad y parejas del común
4. Familias y parejas principales
5. Conflictos prenupciales
Capítulo 5
“Ya me es insoportable mi matrimonio”. Violencia doméstica
y relaciones de género
1. Denuncias y procedimientos
2. Las demandas de las esposas
3. Las denuncias de los maridos
4. Familia, comunidad y disputas conyugales
5. Del conflicto marital al divorcio eclesiástico
Conclusión
Fuentes
Bibliografía
Resumen
Éste es un detallado estudio sobre las mujeres y las relaciones
de género en la vida cotidiana y, en particular, acerca de las
hijas, las novias y las esposas del Valle Central de Costa Rica entre
1750 y 1850. Eugenia Rodríguez Sáenz, asevera que su principal
propósito al escribir este libro “es profundizar en el
estudio de la amplia problemática que abarca la relación
entre familias y comunidades, la influencia de los padres en las opciones
nupciales de sus hijas e hijos, los condicionamientos étnicos
y de otro tipo del mercado matrimonial, las características que
asumía el noviazgo, los controles que trataban de ejercer las
autoridades eclesiásticas sobre la moral popular y los diversos
grados y formas en que se expresaba la violencia doméstica”.
El trabajo constituye una valiosa contribución al campo de
los estudios de género, cuyo cometido central consiste en explorar
sistemáticamente el importante papel que las mujeres han jugado
en el desarrollo histórico de sus sociedades. La autora, en especial,
intenta identificar y destacar sus aportes y vivencias, al tiempo que
desvirtuar las percepciones y mitos que se han elaborado sobre las mujeres
como sujetos pasivos, incapaces de cumplir un papel como agentes sociales
e históricos de cambio y de resistencia ante el dominio patriarcal.
En la sección dedicada a las conclusiones, la autora señala
que “la sociedad asentada en el Valle Central experimentó,
entre 1750 y 1850, una redefinición en los ideales y actitudes
hacia el matrimonio, la familia y las relaciones de género, todo
lo cual tomó lugar en el marco de un periodo de crecimiento demográfico,
auge comercial y colonización agrícola, que se inició
desde la segunda mitad del siglo xviii”. Agrega que “este
proceso de cambio sociocultural se intensificó con el desarrollo
de la producción cafetalera, la centralización inicial
del estado liberal y la expansión del aparato judicial civil,
en particular a partir de la década de 1840”.
Según la autora, durante el periodo de estudio, el matrimonio
fue utilizado por los diversos grupos sociales como un instrumento de
ascenso social y de consolidación del patrimonio familiar. Al
mismo tiempo, a partir de la primera mitad del siglo XIX y sobre todo
de la década de 1840, se dio un creciente esfuerzo por parte
de la Iglesia y el Estado por regular y moralizar la conducta sexual
y cotidiana del campesinado conforme al ideal de la moral cristiana.
Dicho modelo hacía hincapié en la importancia del matrimonio
y lo pecaminoso de las relaciones ilícitas, al tiempo que valoraba
una cierta concepción del pudor y de la privacidad.
En lo que toca a la familia, la autora concluye que “en el siglo
XIX predominó la familia nuclear, compuesta en promedio por siete
miembros. No prevalecieron las familias extensas en el pasado, ni se
dio una transición de la familia extensa a la nuclear durante
el proceso de expansión del capitalismo agrario en el siglo XX.
La estructura familiar variaba de acuerdo al sector socioeconómico
y había una clara diferencia en la edad de matrimonio según
el origen social de la pareja”.
Por último, el examen detallado de los pleitos familiares del
periodo de 1750–1850 demuestra que las relaciones de género
eran dinámicas y estaban sujetas a constante negociación
y que las esposas trataban de resistir el dominio patriarcal o, al menos,
de establecer cierto equilibrio dentro del mismo. Estos hallazgos, señala
la autora, nos obligan “a reconsiderar la representación
de las mujeres de los siglos XVIII y XIX como seres absolutamente pasivos
y subyugados a la autoridad masculina”.
Abstract
This is a detailed study about women and gender relations in everyday
life, in particular, of the daughters, fiancées, and wives in
the Valle Central of Costa Rica between 1750 and 1850. Eugenia Rodríguez
Sáenz states that the main goal in writing this book was “to
clarify the highly problematic situation characterizing the relationship
between families and communities, the parents’ influence on the
marriage options of their daughters and sons, ethnic and other conditioning
of the marriage market, characteristics which the engagement takes on,
the control church authorities try to exert over the popular morals,
and the various degrees and forms domestic violence manifests itself.”
The book is a valuable contribution in the area of gender studies
whose central mission is to systematically explore the important role
women have played in the historical development of their societies.
The author particularly tries to identify and point out their contributions
and lives, at the same time dismantles the perceptions and myths which
have been created about women as passive objects, incapable of playing
a role as agents of social and historical change and of resistence in
the face of patriarchal power.
In the section containing the conclusions, the author shows that “society
in the Valle Central between 1750 and 1850 experienced a redefining
of ideals and attitudes about matrimony, family, and gender relations;
all this took place within a period of demographic growth, commercial
boom and agricultural colonization, begun in the second half of the
eighteenth century.” She adds that “this process of sociocultural
change intensified with the development of coffee production, the beginning
of a centralized liberal state and the expansion of the judicial civic
apparatus, in particular from the 1840s onward.”
According to the author, during the period under study, matrimony
was used by various social groups as a tool for social ascent and consolidation
of family wealth. Also, from the first half of the nineteenth century
on, and especially in the 1840s, efforts on part of the Church and the
State increased to regulate and moralize the peasants’ sexual
and everyday conduct, conforming to the moral Christian ideal. This
model emphasized the importance of marriage and the sinfulness of illicit
relations, at the same time holding up the value of concepts of modesty
and privacy.
As far as the family goes, the author concludes that “in the
nineteenth century the nuclear family was prevalent, made up of an average
of seven members. The extended families of the past did not prevail,
nor was there a transition of the extended family to the nuclear during
the expansion process of agrarian capitalism in the twentieth century.
Family structure varied according to socioeconomic sector, and there
was a clear difference in marrying age according to the social origin
of the couple.”
The detailed exam of family court cases from the period 1750 to 1850
shows that gender relations were dynamic and were subject to constant
negotiation, and that wives tried to resist patriarchal power or, at
least, establish a certain balance within it. These findings, says the
author, oblige us to “reconsider the portrayal of women of the
eighteenth and nineteenth centuries as absolutely passive beings who
were subjected to masculine authority.”
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